21 feb. 2017

Autonomía cooperativa

Como hiciera en años anteriores [1] [2], recopilo en esta entrada los enlaces a los textos que he escrito para el blog de la asociación Autonomía y Bienvivir a lo largo del año que termina:



Resumen del libro de Ricardo Almenar El fin de la expansión. Del mundo-océano sin límites al mundo-isla, una buena recopilación y síntesis de argumentos y autores esenciales sobre el cambio civilizatorio que estamos viviendo y que se intensificará en las próximas décadas. Pero su enfoque no se limita a exponer los problemas sino que propone indagar en las soluciones, en este caso centrándose en el primer paso: el cambio de visión del mundo necesario para poder empezar a concebir con algún acierto esas soluciones; un cambio de escenario que la sociedad no acaba de asimilar. Su importancia reside en que de esa percepción depende el futuro de todos.



A partir de la reflexión anterior en este artículo me recreo en un paseo por la controversia sobre el colapso, la problemática de la ciencia, la discusión sobre el crecimiento, el lío de la acción local y global, y algún otro dilema del rock and roll.



Texto colectivo de la asociación en el que abordamos las dificultades a las que debe hacer frente la izquierda ante el escenario político y ecológico en el que nos encontramos, (empezando por asimilar la verdadera naturaleza del mismo).



Ante los cambios necesarios para nuestra sociedad reseñados en las entradas anteriores no sólo tenemos resistencias ideológicas (como se ha visto para el caso de la izquierda) sino además la oposición de una corrupta estructura de poder que no aparece en los libros de teoría económica a pesar de ser más determinante para el devenir económico que las variables estudiadas con pretensión científica. Esta estructura condiciona las relaciones económicas a lo largo de la cadena de producción y en todos los niveles de riqueza de la sociedad, con claros ganadores y perdedores de este juego amañado al margen del mérito.


De la globalización a la autonomía

Serie de entradas en las que profundizo en el problema de la globalización y en la posible forma de salir de esta para encaminarnos hacia un horizonte en consonancia con los problemas y los retos planteados anteriormente.

Es habitual que se hable de los paraísos fiscales como un problema para la economía actual. Pero en realidad esa forma de funcionar está en la misma esencia de la globalización. No se trata de un problema de la economía globalizada sino que la globalización consiste en eso. Se trata de que las empresas y las grandes fortunas puedan eludir las normativas (fiscales, laborales y ambientales) aprobadas en los distintos parlamentos.

Toda decisión económica es también una decisión política por su afección para terceros, para la sociedad y para el medio ambiente. Lo que ha ocurrido en las últimas décadas ha supuesto la privatización de decisiones políticas de enorme calado por medio de un camuflaje tecnocrático de las mismas.

En esta entrada empiezo a reflexionar sobre la posible salida de este problema: necesitamos actuar en dos direcciones relocalizando la gestión económica con el enfoque prioritario de la máxima autonomía posible, y del otro lado, ampliando progresivamente el ámbito de una cooperación verdaderamente democrática.

En este apartado profundizo en algunas características propias del concepto de autonomía que lo diferencian del de soberanía, tan querido este último por los diferentes nacionalismos de todo cuño.

Quienes nos oponemos tanto a la actual globalización como a las tendencias fascistas necesitamos más audacia intelectual que la mostrada por la izquierda actual para hacer frente a la nueva realidad mediante propuestas aún no llevadas a la práctica. (Pues tampoco nos sirve el viejo dirigismo planificador igualmente autoritario e insostenible).

Aquí indago algunas medidas económicas que favorecerían el paso de la globalización a un mundo en el que prevaleciera la autonomía.

La autonomía política implica que los distintos pueblos no puedan verse sometidos a chantaje por parte de los mercaderes globales. Consiste en que la democracia se superponga a los derechos de propiedad privada absoluta y a las leyes del mercado. Pero esto indica que la autonomía no se centra en precisar un ámbito geográfico óptimo para la auto-institución política o para la autosuficiencia económica. Es un concepto esencialmente cualitativo; se expresa en la capacidad de las personas y de las sociedades para gestionar su devenir común. No equivale a la desvinculación sino la posibilidad de controlar los vínculos propios. Más aun, se puede decir que, al menos en parte, la autonomía se expresa y cobra cuerpo precisamente en las relaciones, al aflorar la iniciativa en la gestión de las mismas.

Por tanto la autonomía política consistiría también en democratizar las instituciones políticas supranacionales, (no las instituciones económicas creadas para aumentar el libre comercio global), así como en crear otras nuevas con fines distintos y sujetas a un verdadero control ciudadano. Las relaciones internacionales deben basarse en acuerdos políticos consensuados por las poblaciones y no en acuerdos económicos por encima de la democracia pactados entre las oligarquías de cada país.



En este texto me centro en la dimensión individual ante el nuevo escenario planteado. Hoy día hemos convertido la acción por sí misma en una forma de retiro de la conciencia. Anulada así la capacidad ética para evaluar lo que nos rodea y para decidir nuestro apoyo o nuestro rechazo a las normas sociales, no es posible decir que estamos viviendo plenamente, que estamos ejercitando nuestras potencialidades como seres humanos, que eso que sentimos es plenitud vital.


Renta Básica y decrecimiento

Serie de entradas en las que me hago eco del congreso celebrado este año en Hamburgo sobre los vínculos posibles entre Renta Básica y decrecimiento, añadiendo alguna reflexión y conclusiones propias.

Si queremos poner coto a los desmanes provocados por una desmesura comercial tan innecesaria como antieconómica, devastadora con la biosfera y alienante, será requisito imprescindible que nos garanticemos colectivamente una inclusión básica universal, reduciendo a la par la enorme desigualdad de nuestros días. Sin esa garantía pública será imposible pasar a una economía libre de la necesidad imperiosa de crecer.

¿Qué es el progreso? ¿Qué significa este término? Fascinados por el espectáculo de cambios materiales en el fondo simples, distraídos por cálculos para la acción y por sus efectos prácticos, hemos abandonado el progreso ético y político. Precisamente en nombre de la ciencia que nos advierte de los límites del crecimiento, tendremos que cambiar esta creencia básica de nuestra sociedad. En consecuencia habrá que prestar más atención a los modelos económicos alternativos que apuntan hacia esta lógica de lo cualitativo y lo complejo, que ponen por encima lo no medible, lo que sólo puede avanzar en la deliberación compartida democráticamente.

Cuando hablamos de decrecimiento no estamos ante una simple opción. Algunas personas somos partidarias de que se reduzca el volumen actual de producción global para que disminuya su impacto sobre el medio ambiente y sobre nuestra propia naturaleza. Esto nos permitiría aspirar a una Economía del Estado Estacionario. Pero en realidad el decrecimiento será, más que una opción, algo inevitable en un plazo incierto aunque no muy alejado. Por tanto cualquier medida de futuro tendrá que pensarse en ese escenario, o más bien tenemos que pensar qué propuestas podrán hacerle frente y prever su encuentro en la medida de lo posible.

El futuro de todos será muy diferente en función de si mantenemos o no la convivencia y una inclusión social y cultural que permita el desarrollo sano de todas las inteligencias.

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