29 mar. 2014

ONU: “Despertemos antes de que sea demasiado tarde”

http://unctad.org/en/PublicationsLibrary/ditcted2012d3_en.pdf
Informe de la UNCTAD sobre agricultura:  

La propia UNCTAD hace una reseña del informe. Lo que sigue es una traducción de la misma:

Tanto los países en desarrollo como los desarrollados necesitan un cambio de paradigma en el desarrollo agrícola: de la llamada “revolución verde” a un enfoque de “intensificación verdaderamente ecológica”. Esto implica un cambio rápido y significativo desde la agricultura convencional, basada en el monocultivo y en la producción industrial altamente dependiente de insumos externos, hacia mosaicos de sistemas de producción regenerativa y sostenible, que además mejoren considerablemente la productividad de los pequeños agricultores. El Informe sobre Comercio y Medio Ambiente 2013 de la UNCTAD sostiene que tenemos que movernos desde un enfoque lineal hacia uno holístico en la gestión agraria, que reconozca que el agricultor no es sólo un productor de bienes agrícolas sino también el gestor de un sistema agro-ecológico que proporciona un gran número de bienes y servicios públicos (como agua, suelo, paisaje, energía, biodiversidad y esparcimiento).

El informe destaca que la transformación requerida es mucho más profunda que un simple retoque del sistema agrícola industrial existente. Más bien, lo que se necesita es una mejor comprensión de la multifuncionalidad de la agricultura, su importancia crucial para el desarrollo rural en favor de los pobres y el importante papel que puede desempeñar en el tratamiento de la escasez de recursos y en la mitigación y adaptación al cambio climático. Sin embargo, la magnitud de la modificación de los métodos de producción que tendría que adoptarse, las importantes cuestiones de gobernanza, los problemas de las asimetrías de poder en los mercados de insumos y productos alimentarios, así como las actuales normas del comercio agrícola plantean desafíos considerables.

El informe, titulado Wake up Before it is Too Late: Make Agriculture Truly Sustainable Now for Food Security in a Changing Climate, fue publicado el 18 de septiembre de 2013. Más de 60 expertos internacionales han contribuido con sus opiniones a un análisis exhaustivo de los retos y los planteamientos estratégicos más adecuados para hacer frente de manera integral a los problemas interrelacionados del hambre y la pobreza, los medios de vida rurales, la desigualdad social y de género, la mala salud y nutrición, y el cambio climático y la sostenibilidad del medio ambiente -uno de los temas más interesantes y desafiantes del discurso del desarrollo actual-.

El desarrollo agrícola, subraya el informe, se encuentra en una verdadera encrucijada. A modo de ilustración, los precios de los alimentos en el período de 2011 a mediados de 2013 eran casi un 80% superior a los del período 2003-2008. El consumo mundial de fertilizantes aumentó 8 veces en los últimos 40 años, aunque la producción mundial de cereales apenas se ha duplicado en el mismo tiempo. Las tasas de crecimiento de la productividad agrícola han descendido recientemente de un 2% a menos del 1% anual. Los dos limites ambientales globales que ya se han cruzado, (la contaminación de nitrógeno de los suelos y las aguas, y la pérdida de biodiversidad), fueron rebasados a causa la agricultura. Las emisiones de GEI procedentes de la agricultura no sólo son la principal fuente de calentamiento global en el Sur, también son las de mayor crecimiento junto a las del sector del transporte. La escala de las adquisiciones de tierra extranjeras, (a menudo llamadas acaparamiento de tierras), eclipsa el nivel de la Ayuda Oficial al Desarrollo, siendo las primeras de un valor entre 5 y 10 veces mayor que la segunda en los últimos años.

Lo más importante de todo, a pesar del hecho de que el mundo actualmente ya produce suficientes calorías por persona para alimentar a una población mundial de 12-14 mil millones de personas, el hambre sigue siendo un desafío clave. Casi mil millones de personas sufren de hambre crónica y otros mil millones están desnutridos. Un 70% de estas personas son a su vez pequeños agricultores o trabajadores del campo. Por tanto, el hambre y la desnutrición no son fenómenos de oferta física insuficiente, sino resultados de la pobreza imperante, y sobre todo, problemas de acceso a los alimentos. Facilitar que estas personas se hagan alimentariamente autosuficientes o que obtengan por medio de la agricultura un ingreso adecuado para comprar comida debe ocupar un lugar central en la futura transformación agrícola. Además de esto, las tendencias actuales de la demanda hacia un uso excesivo de cereales y semillas oleaginosas para piensos concentrados y biocombustibles, las dietas excesivamente basadas en carne y el desperdicio de alimentos ya cosechados se dan por hecho en lugar de cuestionarnos su racionalidad. La prioridad en los debates de política internacional sigue estando insistentemente centrada en el aumento de la producción agrícola industrial, en su mayoría bajo el lema "cultivar más alimentos a menor costo para el medio ambiente", lo cual resulta cuestionable.

La estrategia que ha recomendado a los países en desarrollo confiar en los mercados internacionales para cubrir la demanda de alimentos básicos, a la par que especializarse en la producción y exportación de cultivos comerciales "lucrativos", no ha producido los resultados pretendidos porque dependía de precios bajos para los alimentos básicos y de que no hubiera escasez de suministro en los mercados internacionales, condiciones que han cambiado drásticamente desde el inicio de este siglo. La globalización también ha fomentado una especialización excesiva, el aumento de escala en la producción de unos pocos cultivos y una enorme presión de costes. Todo esto ha agravado la crisis ambiental de la agricultura y ha reducido la resiliencia agrícola. Lo que ahora se requiere es un cambio hacia diversas modalidades de producción que reflejen la multifuncionalidad de la agricultura y favorezcan el cierre de los ciclos de nutrientes. Además, las externalidades ambientales no suelen ser internalizadas, los impuestos al carbono son una rara excepción y no la regla, y los mercados de compensación de carbono son en gran medida disfuncionales, criterios que darían prioridad a la producción alimentaria regional o local por medio de mecanismos de mercado “lógicos”. Por ello las reglas del comercio tienen que permitir un enfoque más regional de la agricultura de acuerdo al siguiente principio: "una producción de alimentos tan regionalizada o localizada como sea posible, y que el comercio de alimentos se ajuste a lo necesario"

El cambio climático afectará drásticamente a la agricultura, principalmente en aquellos países en desarrollo en los que se prevé un mayor crecimiento de la población, es decir, en África subsahariana y Asia meridional. Frente a este panorama, la transformación fundamental de la agricultura puede resultar uno de los desafíos más grandes, incluso para la seguridad internacional, del siglo 21. Un crecimiento de la productividad agrícola mucho más lento en el futuro, un rápido aumento de la población en las regiones con mayor escasez de recursos y más expuestas al cambio climático, y unas emergentes crisis ambientales de la agricultura son las semillas de una presión cada vez mayor sobre la seguridad alimentaria y el asociado acceso a la tierra y el agua. Esto provocará un aumento de la frecuencia y de la gravedad de los disturbios causados ​​por subidas de precios de los alimentos, con la consiguiente inestabilidad política y tensión internacional vinculadas a los conflictos por los recursos, junto a movimientos migratorios de poblaciones hambrientas.




Artículos recomendados:


Encarando las soluciones:

Entradas relacionadas:

.